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Banca española y rentabilidad

Lunes, 16 de abril de 2018   El Economista   BANCOS

Durante la semana que abandonamos, se han hecho públicas las intenciones de dos entidades de crédito nacionales de deshacerse de paquetes de inmuebles que aún continúan en su balance. El primero ha sido Banco Sabadell, que ha puesto a la venta dos carteras de inmuebles por valor de unos 8.000 millones. El segundo, La Caixa, al cierre de la semana, anunciando la intención de desprenderse de 700 millones de inversiones inmobiliarias procedentes de empresas. No hay que darle mayor importancia; son tan solo dos ejemplos que demuestran que aún los bancos no han concluido con la limpieza de sus balances.

Conviene señalar que, desde luego, los restos de la crisis del estallido inmobiliario continúan en los balances de los bancos españoles, ahora bien, su impacto comienza a ser cada vez más limitado, me atrevería a decir que en muchos casos es ya marginal. Estamos previsiblemente, y en líneas generales, en la etapa final del proceso de depuración. La mayor parte de la pérdida está ya contabilizada vía previsiones y hoy el volumen de este tipo de carga para los bancos es muy bajo. Por tanto, si es cierto que nuestros bancos aún no han purgado totalmente las consecuencias del estallido de la crisis inmobiliaria, en mi opinión el trabajo es ya marginal.

Con esto no quiero minimizar las posibles pérdidas que llegarán en los próximos trimestres a las cuentas de resultados, sino destacar que este es ya un problema marginal o mucho menos importante de lo que ha sido en el pasado para la banca.

Sin embargo y a pesar de la depuración sufrida, subsisten las dudas sobre la rentabilidad de la banca. Los bancos españoles presentan hoy unos beneficios razonables, llegando a ser en algunos casos, como en La Caixa, los más altos de su historia. Sin embargo ve-mos cómo las cotizaciones en bolsa no aumentan. Muchos inversores se preguntan sobre la rentabilidad de las entidades. Esas dudas sobre rentabilidad parecen justificadas y habría que señalar que la recuperación de la rentabilidad se llevará a cabo en cuanto se llegue a la normalización económica.

Por una parte, la economía española crece, sin embargo detrás del crecimiento constatamos la enorme brecha de desigualdad, una situación esta última que tiene un impacto mayor de lo que se piensa en la cuenta de resultados. La brecha de desigualdad supone un freno al crecimiento del negocio propio y tradicional de la banca ó al menos lo complica. Cierto es que en la actualidad la banca ha cubierto este hueco con el cobro de comisiones, sin embargo poco más se puede hacer ya en este sentido. Es más, el aumento de las comisiones, pone de manifiesto la debilidad del negocio tradicional bancario, un negocio impactado por la permanencia, desde hace ya mucho tiempo, de los tipos de interés nulos. Los tipos tan bajos, no cabe discusión alguna, lastran el margen de las entidades crediticias, margen de su negocio tradicional y básico. En efecto el margen bruto de su actividad tiende a crecer menos o estancarse, existiendo casos donde ese margen bruto llega a descender.

Pero retomando el tema de la rentabilidad es también necesario tener presente que los bancos presentan hoy unos niveles de recursos propios mucho mayores que hace unos años. Esta situación viene derivada de las exigencias que estos años la banca ha tenido que ir cumpliendo, con niveles más rigurosos de capitalización solicitados. Pero es que los bancos de hoy, los que han sobrevivido, se parecen a los anteriores tan solo en el nombre. Hoy en día todos los bancos son la suma de varias entidades existentes antes de 2012.

Además, es necesario no confundir beneficios con rentabilidad. Ciertamente, los beneficios son hoy amplios, sin embargo al depurarlos y situarlos históricamente vemos que al monto de ganancias se llega por la integración de varios bancos. Las cifras de los beneficios, por tanto, no tienen tanto brillo o al menos es menor de lo que podría desprenderse o inferir cuando alguien los adjetiviza con el término de histórico. Esto en cuanto a los beneficios porque en cuento al capital, el divisor de los beneficios para hallar la rentabilidad, se ve incrementado mucho más allá de la suma de la integración por la fusión o adquisición, puesto que como comentaba, las nuevas normas de Basilea hacen que los capitales a utilizar sean mayores.

Además, la banca española continúa teniendo una considerable sobrecapacidad, algo en lo que las entidades llevan tiempo trabajando. La reducción de personal y oficinas va a continuar, hoy en día el peso de los gastos por estos conceptos está por encima de lo que la lógica y la eficiencia del negocio demanda. Cada vez menos gente pasa por las oficinas, se utilizan mucho más los canales de banca alternativos a la visita física. Además la automatización de muchos trabajos y servicios que la banca venía prestando es cada día más palpable en el mercado nacional.

Por tanto al hablar de la rentabilidad y como resumen, habría que tener presente que los beneficios no crecen tan rápidamente como la necesidad de recursos para producirlos. El ladrillo continúa deteriorando la cuenta de resultados, en mucha menor proporción, pero lo sigue haciendo. Los ingresos se ven condicionados por la situación económica y los bajos tipos de interés. A todo esto hay que añadir que las entidades continúan sobredimensionadas. El sector bancario ha avanzado mucho, pero aún no ha concluido el periplo.

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