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Favorecer la conciliación permite tener empleados más motivados y mejorar la productividad

Martes, 4 de mayo de 2021   El Mundo   LABORALES

En los últimos años, en muchas empresas se han producido serios cambios organizativos. Poco a poco se ha conseguido derribar la idea de que el empleado que más horas pasa en la oficina es el más trabajador y se ha dado más confianza para que puedan conciliar mejor su vida personal con la profesional. Y lo mejor es que las empresas se han dado cuenta de que, con estos cambios, además de tener a sus empleados satisfechos con la compañía, ahora son mucho más eficientes.

Llevamos una década viendo pequeños avances en materia de conciliación y flexibilidad, pero los cambios se aceleraron con la llegada de la pandemia, que obligó a muchas empresas a tener que confiar en el teletrabajo (y por ende en la eficiencia de sus empleados) de un día para otro.

De hecho, según el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) que elabora el Instituto Nacional de Estadística, antes de la Covid-19, sólo el 16% de las compañías españolas permitía a sus empleados trabajar desde casa. Sin embargo, con el estado de alarma y sus limitaciones, esta cifra se triplicó y el 51,4% de las compañías españolas empezó a ofrecer -o imponer- el teletrabajo a parte de su plantilla.

Pero ¿por qué esta flexibilidad a la hora de trabajar ha tardado más en implantarse en España que en países como Alemania? ¿Cuándo comenzó a cambiar la filosofía empresarial?

DEMASIADO PRESENTISMO

Noelia de Lucas, directora comercial de Hays España, asegura que, hasta hace unos años, España era un país en el que "el presentismo era la cultura dominante en las empresas". En lugar de valorar el rendimiento de los trabajadores, la mayoría de las compañías se fijaba en que cumplieran a rajatabla con su horario laboral. "Parecía que el que más horas pasaba sentado era el que mejor trabajaba, y hasta que el jefe no se iba, nadie se movía. Era una cultura sumamente jerárquica", añade.

Fueron las grandes compañías anglosajonas asentadas en España las primeras en introducir ciertas medidas de flexibilidad hace poco más de una década. Sin embargo, el verdadero cambio comenzó hace unos cinco años, con la entrada de los millennials al mercado laboral y la creciente demanda de perfiles tecnológicos y digitales. Estos empleados valoran mucho tener una buena calidad de vida y las empresas se dieron cuenta de que tenían que cambiar de estrategia si querían captar su atención. "Empezaron a tomar conciencia de que, si querían disponer de una plantilla más heterogenea, contenta y comprometida, tenían que satisfacer estas necesidades", cuenta De Lucas.

Según esta experta, la pandemia sirvió para que las medidas de conciliación, que hasta entonces "sólo estaban implantadas en las empresas más punteras", se extendieran a todas las organizaciones. Incluidas las pymes, que son las grandes protagonistas del tejido empresarial español y, en muchos casos, las más reacias a los grandes cambios.

LA FLEXIBILIDAD ES LA CLAVE

Las medidas de eficiencia organizativa más comunes implantadas son el teletrabajo, la jornada intensiva, el trabajo por objetivos, la flexibilidad horaria de entrada y salida y la regulación de reuniones (para evitar que se celebren a partir de determinada hora).

Hay empresas que incluso están dejando a sus empleados libertad total para organizar su jornada siempre que cumplan con sus obligaciones y responsabilidades. Así lo asegura Xavier Casanovas, general manager de la división HR Consultants de Adqualis: "La conciliación se debería entender como aquello que yo como empleado quiero hacer. Igual para mí lo mejor es trabajar 10 horas diarias durante cuatro días a la semana y librar los viernes, o hay gente que prefiere hacerlo tres días desde casa y dos en la oficina", explica. Al final es una cuestión de confianza de los jefes en la plantilla.

En cualquier caso, ya existen evidencias de que los beneficios de ser una empresa conciliadora no tardan demasiado en llegar. Según este experto, con estas medidas no sólo se consigue que los empleados estén más motivados y comprometidos, sino que aumenta la eficiencia y la productividad de la compañía.

Además, es la mejor forma de atraer talento nuevo en un momento en el que muchas personas ya no se guían únicamente por el salario a la hora de cambiar de trabajo. "Cada vez se valora más lo que ofrecen las empresas en materia de conciliación y flexibilidad para tomar una decisión de este tipo", añade Raúl Mínguez, director del Servicio de Estudios de la Cámara de Comercio de España. En su opinión, los avances conseguidos en estos últimos meses han ayudado a España a recortar posiciones respecto a países como Alemania y Holanda, donde todas estas medidas son una realidad desde hace muchos años, en parte porque las empresas tenían más medios y había una mayor "sensibilización social".

Este experto considera que todas estas medidas han llegado para quedarse y continuarán cuando termine la pandemia. "Hay algunos sectores que a medida que la economía se vaya recuperando volverán a cierta presencialidad, pero siempre con flexibilidad. Igual pueden teletrabajar dos o tres días y el resto ir a la oficina", cuenta. Es más, en la Cámara de Comercio ya han visto cómo muchas empresas han vendido parte de sus sedes porque se han dado cuenta de que con el teletrabajo también se ahorraban costes.

LA CARA B DE LA MONEDA

Pero tampoco es oro todo lo que reluce. Algunas compañías que han implantado el teletrabajo no han regulado la jornada y eso hace que sus empleados trabajen más horas de lo habitual porque "tampoco saben desconectar", recalca De Lucas. De hecho, según un informe elaborado por Infojobs, el 67% de la población activa responde emails y llamadas telefónicas fuera de su horario de trabajo. "Antes trabajabas en la oficina y descansabas en casa; el propio trayecto de un sitio a otro te servía para desconectar. Ahora, mucha gente trabaja en la misma mesa en la que come, y piensa... ha terminado mi jornada, pero estoy aquí, ¿Cómo no voy a contestar si me llega algo?", explica esta experta.

Por eso, uno de los grandes retos de las empresas es regular la desconexión digital. Como ejemplo pone a Francia, donde hace años las organizaciones instauraron la norma de apagar las luces de sus sedes a determinadas hora. Eso obligaba a todos los trabajadores a irse y, si por algún motivo querían seguir trabajando, tenían que pedir permiso. "Las empresas españolas tendrían que hacer algo parecido aplicado al teletrabajo: que a partir de una hora determinada se apagara el portátil o que el sistema no dejara entrar más correos electrónicos", concluye.