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Cómo trabajar la asertividad (y aprender a decir no) para crecer en tu trabajo

Viernes, 13 de mayo de 2022   BusinessVogue   LABORALES

No hay que confundir asertividad con sinceridicio. Aunque el fin último sea el mismo –transmitir una opinión con firmeza–, el modo de hacerlo difiere sobremanera: en el primer caso nos valdremos de la empatía, la buena comunicación y el análisis –tanto de los motivos previos como del posterior impacto– y, en el segundo, estaremos abusando de la indiferencia, el ego y la imprudencia. La verdad, aun siendo un arma legítima, no tiene por qué volverse arrojadiza.

“Solo podemos relacionarnos de forma satisfactoria para ambas partes si sentimos que tenemos los mismo derechos y merecemos el mismo respeto que los demás, es decir, si poseemos una buena autoestima”. Esta es la premisa de la que parten Olga Castanyer y Estela Ortega en su libro Asertividad en el trabajo: Cómo decir lo que siento y defender lo que pienso, en el que analizan las diferencias de roles entre las personas asertivas, agresivas y sumisas.

Un concepto, el de la autoestima, que tiene que ver, mucho más de lo que pensamos, con el autocontrol, la tolerancia a la frustración y los límites, tal y como expone siempre que es preguntada por el asunto la doctora en Psicología Clínica y psicoterapeuta Laura Rojas-Marcos. De hecho, en su último libro, Convivir y compartir, aborda un tema de vital importancia: aprender a convivir con uno mismo es la base para convivir mejor con lo demás.

Tener seguridad respecto a las relaciones con el prójimo y actuar de forma coherente a los valores, derechos y deberes comunes nos hará crecer como personas; también en el trabajo. Recordemos que los problemas de comunicación en el entorno laboral suelen provenir precisamente de la falta de asertividad, tanto en las relaciones verticales (jefe-empleado) como horizontales (entre compañeros). Problemas que subyacen, más allá del propio mensaje, en aspectos tales como el tipo de lenguaje utilizado, el lenguaje no verbal y otras señales implicadas en la cadena comunicativa.

CÓMO COMPORTARSE DE MANERA ASERTIVA

Comunicación: Hablaremos de manera clara, fluida y firme, en un volumen acorde con el contexto, sin gesticular excesivamente y, a ser posible, mirando a los ojos. Nuestra postura ha de ser cómoda (lo que transmite confianza) y nuestra expresión facial auténtica, nunca impostada.

Habilidades sociales: Comunicaremos aquello que pensamos y sentimos de manera apropiada, sin culpar, ni descalificar y señalando tanto los aspectos positivos como las críticas, que serán siempre constructivas. El lugar y el momento escogidos para hacerlo también influirán a la hora de transmitir un mensaje.

Objetividad: La objetividad y la personalización van de la mano, para ser realmente objetivos (o en la medida de lo posible) hemos de intentar no personalizar, o caeremos en el conflicto, tanto interno como externo, lo que suele derivar en conductas agresivas o sumisas, es decir, las que implican un déficit de asertividad.

Respeto, empatía y autoestima: Hemos de ser capaces de ponernos en el lugar del otro, sin perdernos de vista a nosotros mismos. El respeto y la autoestima empieza en el ‘yo’ y afecta de manera positiva al ‘nosotros’. El doctor en medicina y catedrático de psiquiatría José Luis González de Rivera y Revuelta ha propuesto un nuevo término: la ecpatía, el proceso voluntario de exclusión de sentimientos, actitudes, pensamientos y motivaciones inducidas por otros, para así evitar el contagio emocional y de los sentimientos inducidos.

Análisis, igualdad y negociación: Deberemos tener claro el objetivo, lo que conlleva un análisis previo y racional de la situación, así como del posible impacto posterior. Escucharemos con interés, sin interrumpir el discurso del otro, pero sin dejar de defender nuestros intereses. Para ello opinaremos abiertamente, pediremos aclaraciones y aceptaremos las críticas y los errores. Es fundamental creer firmemente en la igualdad de las relaciones personales.

Derechos: Hemos de respetar los derechos propios, así como los de los demás, como el derecho a ser tratados con respeto y dignidad, el derecho a equivocarnos, el derecho a ser escuchados o el derecho a tener éxito, entre muchos otros. Uno de los más cruciales es el derecho a poder decir que no.

EL DERECHO A DECIR QUE NO

“Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no”. Esta frase de Gabriel García Márquez es proverbial a la hora de empezar a practicar la asertividad, mucho más si atendemos a otra lanzada hace siglos en El Quijote: “Donde una puerta se cierra, otra se abre”.

Un autor bestseller que acaba de trabajar más recientemente este concepto es Seth Godin en su libro The Dip, en el que aparentemente habla sobre dejar de fumar, pero que en realidad trata sobre la concentración y la capacidad de enfocar nuestras energías en algo de lo que podamos estar orgullosos, sin caer en el “no puedo renunciar” como excusa.

Saber decir que no precisa de mucha habilidad, concretamente la de dejar atrás las cosas equivocadas y apegarse a las correctas. El orador y gurú del marketing explica que para alcanzar la maestría se requiere de una larga temporada de aprendizaje marcada por la perseverancia. Eso sí, para llegar a la cima será necesario renunciar a las distracciones u obstáculos para así poder centrarnos en lo único que sepamos hacer realmente bien. ¡Ojo! Sabiendo diferenciar entre el abandono reactivo, cuando algo es difícil o doloroso, y el estratégico, cuando se hace para enfocar los recursos en lograr algo excepcional. “Si no vas a ser el número 1, déjalo ahora”, resume de manera categórica Godin.